Una pequeña presentación personal
Cuando trabajabamos con Guillermo Giacosa, Carlos Bejarano y Renato Cisneros, tres excelentes periodistas, en un programa llamado Aldea Global en Radio San Borja de Lima, publiqué en un site alternativo www.informalisimo.com esta columna a manera de presentación para los oyentes. Creo que pueden saber algo más de mí con esto.
http://www.informalisimo.com
Una Necesaria Presentación: El periodista Intruso.
Mi madre siempre me lo dijo: “cuando llegues a un lugar preséntate”.
He de confesarlo luego de 25 años: mi vieja sabe de lo que habla y aunque en muchos casos he escuchado sus consejos, esta vez no lo hice. La omisión me hace estar en falta con ustedes, así que ahora, seis meses después de haber iniciado mis aventuras en la radio, procedo a darles a conocer “mis generales de ley”.
El nombre ya lo conocen, o al menos así lo creo, soy Miguel Ugaz Gaviño.
En algún momento de mi vida pensé que la psicología era lo que el mundo quería para mí; luego de seis meses de anodinos y aburridos compañeros, y cuando me convencí que el test de Roschach sólo representaba para mí un montón de manchas de tinta, y que nunca podría resolver el de Weiss, busqué un lugar donde mis aún desconocidas habilidades pudieran desarrollarse, escogí la que para muchos es una carrera de vagos: Ciencias de la Comunicación.
Pero fui más allá, dentro de todos los vagos, escogí ser más vago aún, lejos de estudiar Publicidad o Marketing y convertirme en un serio Ejecutivo de Cuentas o un rentable Marketero, decidí ser Periodista.
¿Periodista?... Sí periodista, la esperanza blanca de la casa, quien iba a ser diplomático o abogado, según mis tías, quería ser periodista en un ambiente donde la cantidad de medios de comunicación serios y responsables se pueden contar con los dedos de la mano, en el cual en muchos casos económicamente se vive para el día y donde existe una argolla asesina y furibunda un mocoso de 19 años decide ser periodista, ¡qué atrevimiento!
El problema conmigo es que nunca supe calcular riesgos, así como ahora se me hace imposible calcular la paga por mis servicios profesionales – si me quiere estafar, adelante, soy el tipo que estaba buscando- en ese entonces quería ser periodista y nada me hubiera sacado de mis metas – terquedad o inconsciencia, no lo sé -.
Así, con un trabajo alimenticio de por medio, que aun lamentablemente mantengo, unas cuantas prácticas de redactor de aburridos guiones de publicidad industrial y no mucha más experiencia en la bolsa llegué a octavo ciclo, al curso de Periodismo Radial, donde me tope con Guillermo y Carlos.
He de confesarlo, pienso que vieron algo en mí que yo aún no veo – es más aún creo que su talento para descubrir “talentos” sufrió un revés conmigo – pero más allá de cuestionamientos propios, basados en mi recurrente y molesta inseguridad, los acompañe en unos pocos programas allá por el 2001.
A Renato lo conozco del colegio y la universidad. Gracias a él y a su oportuna e itinerante maestría se me abrió la pequeña ventana de uno de los programas con más prestigio y credibilidad de la radio nacional, voy más allá sin animo de ser sobón, tengo la suerte de trabajar con tres de los mejores periodistas del país, de los cuales he aprendido demasiado.
Se imaginan entonces cómo llegué a publicar aquí; dentro de esta comunidad que adora a tres soy un intruso, pero ya que me dieron cuerda déjenme molestar un poco más.
Sí, tengo fama de loco, soy extremadamente maniático, necesito fuertes dosis de reconocimiento y aprieto la mandíbula cuando duermo, producto del estrés con el que vivo, además el médico ha detectado, a mis cortos 25, un posible cuadro de hipertensión, sabrá Dios porqué.
Esos son algunos de mis innumerables defectos, las virtudes no las diré yo, sería un terrible exceso, es más antes que eso prefiero robarme algunas palabras de Fernando Savater, la primera vez que las leí me di cuenta que me describían a la perfección.
“Suelo ser excesivo, confieso que he nacido para lo demasiado (...) Leo demasiado, escribo demasiado, viajo demasiado, me encolerizo demasiado, quiero hacer el amor con demasiadas personas y cosas, me enamoro demasiado de quien no me quiere, hablo demasiado, gesticulo demasiado, tengo demasiadas opiniones y no me las callo, grito demasiado, pretendo saber de demasiadas cosas, me río demasiado, lloro demasiado, cultivo y provoco demasiadas animadversiones. Me deprimo más de lo debido y me divierto como un niño bobo, sin medida (...) Como es lógico siento simpatía por la mayoría de disparates y sobre todo por los extremos. En cuanto algo se estima tanto que comienza a delirar – una manía, una opinión, un defecto, una afición, un tic, me resulta morbosamente interesante. Padezco vergonzante complicidad con los poseídos y los fanáticos, con los arrebatados y los convulsionarios. Cuanto más exagerado es alguien, más irrefutable me parece”.
Ese soy yo, salvo error u omisión; gracias por llegar hasta esta parte del artículo, aquí es donde el protocolo dice que debo agradecer a Guille, Carlos y Renato por la oportunidad. ¡Bah! Está demás, ellos lo saben.
¡Miguel Ugaz no sea patero y cállese ya!
http://www.informalisimo.com
Una Necesaria Presentación: El periodista Intruso.
Mi madre siempre me lo dijo: “cuando llegues a un lugar preséntate”.
He de confesarlo luego de 25 años: mi vieja sabe de lo que habla y aunque en muchos casos he escuchado sus consejos, esta vez no lo hice. La omisión me hace estar en falta con ustedes, así que ahora, seis meses después de haber iniciado mis aventuras en la radio, procedo a darles a conocer “mis generales de ley”.
El nombre ya lo conocen, o al menos así lo creo, soy Miguel Ugaz Gaviño.
En algún momento de mi vida pensé que la psicología era lo que el mundo quería para mí; luego de seis meses de anodinos y aburridos compañeros, y cuando me convencí que el test de Roschach sólo representaba para mí un montón de manchas de tinta, y que nunca podría resolver el de Weiss, busqué un lugar donde mis aún desconocidas habilidades pudieran desarrollarse, escogí la que para muchos es una carrera de vagos: Ciencias de la Comunicación.
Pero fui más allá, dentro de todos los vagos, escogí ser más vago aún, lejos de estudiar Publicidad o Marketing y convertirme en un serio Ejecutivo de Cuentas o un rentable Marketero, decidí ser Periodista.
¿Periodista?... Sí periodista, la esperanza blanca de la casa, quien iba a ser diplomático o abogado, según mis tías, quería ser periodista en un ambiente donde la cantidad de medios de comunicación serios y responsables se pueden contar con los dedos de la mano, en el cual en muchos casos económicamente se vive para el día y donde existe una argolla asesina y furibunda un mocoso de 19 años decide ser periodista, ¡qué atrevimiento!
El problema conmigo es que nunca supe calcular riesgos, así como ahora se me hace imposible calcular la paga por mis servicios profesionales – si me quiere estafar, adelante, soy el tipo que estaba buscando- en ese entonces quería ser periodista y nada me hubiera sacado de mis metas – terquedad o inconsciencia, no lo sé -.
Así, con un trabajo alimenticio de por medio, que aun lamentablemente mantengo, unas cuantas prácticas de redactor de aburridos guiones de publicidad industrial y no mucha más experiencia en la bolsa llegué a octavo ciclo, al curso de Periodismo Radial, donde me tope con Guillermo y Carlos.
He de confesarlo, pienso que vieron algo en mí que yo aún no veo – es más aún creo que su talento para descubrir “talentos” sufrió un revés conmigo – pero más allá de cuestionamientos propios, basados en mi recurrente y molesta inseguridad, los acompañe en unos pocos programas allá por el 2001.
A Renato lo conozco del colegio y la universidad. Gracias a él y a su oportuna e itinerante maestría se me abrió la pequeña ventana de uno de los programas con más prestigio y credibilidad de la radio nacional, voy más allá sin animo de ser sobón, tengo la suerte de trabajar con tres de los mejores periodistas del país, de los cuales he aprendido demasiado.
Se imaginan entonces cómo llegué a publicar aquí; dentro de esta comunidad que adora a tres soy un intruso, pero ya que me dieron cuerda déjenme molestar un poco más.
Sí, tengo fama de loco, soy extremadamente maniático, necesito fuertes dosis de reconocimiento y aprieto la mandíbula cuando duermo, producto del estrés con el que vivo, además el médico ha detectado, a mis cortos 25, un posible cuadro de hipertensión, sabrá Dios porqué.
Esos son algunos de mis innumerables defectos, las virtudes no las diré yo, sería un terrible exceso, es más antes que eso prefiero robarme algunas palabras de Fernando Savater, la primera vez que las leí me di cuenta que me describían a la perfección.
“Suelo ser excesivo, confieso que he nacido para lo demasiado (...) Leo demasiado, escribo demasiado, viajo demasiado, me encolerizo demasiado, quiero hacer el amor con demasiadas personas y cosas, me enamoro demasiado de quien no me quiere, hablo demasiado, gesticulo demasiado, tengo demasiadas opiniones y no me las callo, grito demasiado, pretendo saber de demasiadas cosas, me río demasiado, lloro demasiado, cultivo y provoco demasiadas animadversiones. Me deprimo más de lo debido y me divierto como un niño bobo, sin medida (...) Como es lógico siento simpatía por la mayoría de disparates y sobre todo por los extremos. En cuanto algo se estima tanto que comienza a delirar – una manía, una opinión, un defecto, una afición, un tic, me resulta morbosamente interesante. Padezco vergonzante complicidad con los poseídos y los fanáticos, con los arrebatados y los convulsionarios. Cuanto más exagerado es alguien, más irrefutable me parece”.
Ese soy yo, salvo error u omisión; gracias por llegar hasta esta parte del artículo, aquí es donde el protocolo dice que debo agradecer a Guille, Carlos y Renato por la oportunidad. ¡Bah! Está demás, ellos lo saben.
¡Miguel Ugaz no sea patero y cállese ya!

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