Sunday, December 19, 2004

Disquisiciones del arquero más enano del mundo

Cuando me preguntan porque nunca crecí siempre utilizo el mismo recurso.
Más allá de excusarme diciendo que es una cuestión genética o porque fumé desde chico – tonta creencia además – o porque no tomé toda la leche, prefiero no perder el tiempo y recurrir a un inteligente recurso: el de la talla promedio.

En el Perú, ser un ciudadano de talla “promedio” equivale a un eufemismo para “enano”.
Orgullosamente lo puedo decir, soy un peruano promedio, mido 170 centímetros. Lo puedo hacer ahora con desparpajo, porque allá por 1995, cuando dejé el colegio, mi talla truncó uno de mis más grandes sueños.
No, no quería ser un recio miembro de las Fuerzas Armadas, ni galán de catálogo, ni “purser” en una aerolínea, quería hacer algo para lo cual necesariamente se necesita tener mucha más talla de la que tengo: quería ser arquero de un equipo de fútbol profesional.

La historia comienza en 1990, cuando en las pichangas del parque de mi barrio se necesitaba alguien que se parará entre aquellos dos árboles y literalmente fuera un “obstáculo” para el equipo contrario, algo así como un tercer tronco clavado estratégicamente en medio del improvisado arco.

Nunca mejor aplicado un prejuicio, además. Si usted piensa que un arquero es aquel que no tiene ningún tipo de habilidad con los pies, y que además es el gordito maletón, que nadie quiere en su equipo, he de decirle que en mi caso está en todo lo correcto.
Nunca fui bueno con la pelota, aún me es imposible hacer un dribling decente y mi cintura se asemeja más al tronco que fungía de palo de arco que al endiablado Ronaldinho Gaucho.
Pero aún así me cuadré en el grass del parque y poco a poco, quizás por haber jugado basket durante algún tiempo, mis manos, que estaban ya entrenadas para atrapar balones, fueron deteniendo cada vez más puntazos endiablados.

Del parque de mi casa pasé a las canchas de fulbito, aún con una terrible y arcaica técnica y luego al equipo de fútbol de colegio, lo cual equivalía, según yo, a un excelente gancho para atrapar chicas.
Más allá de lograr que las chicas murieran por mí – cosa que nunca ocurrió – acumulé, en aquellas largas tardes en la cancha un cúmulo de experiencias que, vistas ahora, terminaron configurando la persona que soy.

De vago empedernido pasé a ser el más asiduo, correlón y empeñoso de mis compañeros, me quedaba a hacer “horas extras” practicando cómo cortar centros, hacer achiques y volar de palo a palo. Examinaba y literalmente me tragaba todos los partidos de la pobre programación futbolera de la época solamente para analizar las actuaciones de mis ídolos.
Así, cada día de partido oficial, me aparecía yo, el más afanoso de todos, en coloridas camisetas de colores insoportables, guantes morados con negro y pantalones de arquero con las medias por encima de las canilleras, muy a la moda dicho sea de paso.

De las cosas que aprendí del fútbol están por sobre todo la disciplina y el trabajo fuerte, aprendí que no importa qué quieras en la vida debes chambear duro, aprendí la responsabilidad y por sobre todo la solidaridad, el trabajo en equipo; desde lo solitario del puesto de retaguardia me di cuenta de lo fundamental que es poder examinar las cosas en perspectiva, de ver el gran panorama antes que las jugadas específicas.

Me di cuenta además que no siempre puedes ganar, no sólo en la cancha, y que a pesar de haber tenido la peor tarde del mundo, siempre hay la extraña posibilidad de la revancha; aprendí además a no dejarme “pisar el poncho” por nadie. Sea esto bueno o malo, me ha servido para enfrentarme a todos los abusivos que van por la vida creyendo pueden pasar por encima del resto.

Y como bien dicen, el de arquero es el puesto del más loco del equipo, y a punta de regalar infinidad de goles, conocí como se puede vivir cargando con la responsabilidad de los errores propios, enfrentarlos y tratar de nunca volver a cometerlos.

Acabé el colegio y me fue imposible seguir; la “talla de peruano promedio” me lo impedía, ningún club me recibiría en las menores, donde arqueros de talla monumental me dejaban, literalmente, por los suelos; por una época viví una pequeña frustración y una especie de resentimiento con mi humilde metro 70.

A pesar de eso siempre he guardado excelentes recuerdos de esos tiempos, me divertí a lo grande y a la vez comprobé que ese viejo, gastado y casi huachafo cliché que repetía un insoportable profesor de matemáticas “el deporte forma el carácter”, es en cierta forma muy real.
Por suerte para ser periodista y escribir estas tonterías, que sólo me interesen a mí, no hay talla específica, sólo se necesita ser lo suficientemente alto como para poder sentarse frente al teclado, al menos a la silla alcanzo a llegar.

Ahora, con unos kilos de más y bastante fuera de forma, me queda de las buenas tardes, los amigos futboleros y por sobre todo la capacidad para jugar fulbito, ese tan peruano juego que permite no despedirnos de la adolescencia a pesar de ser adultos, y que por sobre todo hace que este tipo, enano para el fútbol, y aún incapaz de hacer una gambeta, sea feliz bajo los palos y haya aprendido, desde la soledad de las últimas líneas, a analizar las perspectivas en desmedro de las pequeñeces.


Sunday, December 05, 2004

Los outsiders en el Perú

En el Perú el término outsider está muy ligado a personajes que sin ninguna experiencia deciden entrar en política. Muchos de ellos son personas improvisadas en muchos casos ligadas a la farándula. Augusto Polo Campos es uno de ellos. Considerado uno de los mejores compositores de música peruana, la poca inteligencia como posible candidato que mostró en un reportaje del programa Panorama de Canal 5 de Lima, actuan en proporción indirecta con su condición de artista. Su hija, Flor Polo, es una de las nuevas veddetes que han aparecido en una sociedad en la cual estos personajes ocupan diariamente las primeras planas de los diarios amarillos. Y la madre de ésta y ex esposa de Polo, Susy Diaz, es una reconocida mujer de plumas y lentejuelas que llegó al Congreso pegando su número de campaña, el 13, en una de sus nalgas.
Este artículo es lo primero que me vino a la mente luego de terminado el reportaje en el que Polo anunciaba su posible lanzamiento. Disfrutenlo.




Se llama “outsider” con O de (h)orroroso

¿Susy Diaz? ¿La vedette?... Enero de 1995 y el encuentro con Luchito en un hotel del aeropuerto de Miami estuvo enmarcado por unas encaletadas cervezas, un par de pizzas y las noticias del Perú que Luchito no había escuchado desde hacía dos meses. Nótese que hace nueve años Internet era un sueño de locos para el común mortal.

Sí, Susy Diaz, se ha puesto un 13 en el poto y así cree que va a ser congresista. Carcajada estridente, un par de sorbos de chela y un ¡pobrecita! lleno de lástima y conmiseración. Pobrecitos nosotros, ilusos, ingenuos, 16 años y el término outsider estaba más bien relacionado a la Generación X que fundamos y a la que irresponsablemente pertenecíamos.

Sí, Susy Diaz. Puesto 30 de 120 congresistas electos para el periodo 1995-2000. Aquella que propuso decretar por ley el Día de la Suegra. ¡Grande Susy! Alguna vez creó el partido político “El Palo”, cantó algo horrible que decía “Me ha recha, me ha recha, me ha recha, me ha rechazado el corazón” (si no lo entendió, por favor lea todo de un tirón) y promocionó hasta el hartazgo a su máximo orgullo. La inefable Florcita.

Susy representa al outsider político por naturaleza. Algo así como lo fue Reagan en Estados Unidos o Ilona Staller, la Cicciolina, en Italia, es decir, un completo desastre.
Me disculpo por traer estos desagradables recuerdos a colación, a excepción de la Staller, pero acabo de ver a Augusto Polo Campos anunciando su candidatura a la presidencia en Panorama.
En el fondo no me preocupa que el Palacio de Gobierno se convierta en un hotel, tal como lo propone el compositor, es más, no me importa de dónde va a sacar el dinero para pagarle dos mis soles mensuales a los policías cuando ni siquiera hay gasolina para patrulleros. No me importa siquiera si Florcita es primera dama y tiene que codearse con las esposas de los mandatarios en una Cumbre de las Américas, en la CAN o en la ONU. No, no me importa.

Me preocupa que mientras curiosos personajillos quieren lanzarse a la cancha sin siquiera tener una idea de lo que hacen, otros calienten banca, silenciados por una sociedad y una prensa más ligada al escándalo, a la pollada, a la puñalada y a la combi, que a la urgente necesidad de guiar a los electores a aquello que parece un seguro desbande en el 2006.

¿Para qué necesitamos a Nelson Manrique? Dejen a Susana Villarán, Gino Costa, José Ugaz, Carlos Basombrío, Salomón Lerner, Sofia Macher, Henry Pease, Javier Diez Canseco, etc, silenciados. La verdad, son tan aburridos, tan poco televisivos, les falta escándalo. Son decentes, no rompen puertas de estadios, no sub valuan autos, ninguno se ha declarado VIH positivo.
Es más, hagamos un ejercicio y pensemos en lo que sería el primer gabinete Polo Campos.

¿Qué tal Agencia Meza de Ministro del Interior? Al menos las balas estarán aseguradas. ¿Educación? Magaly Medina ¿o el Puma Carranza? ¿Justicia? Laura Bozzo. ¿Mujer? Jackie Beltrán (con programa de tele incluido). ¿Salud? El nuevo profeta del cuidado sexual, Alex Otiniano.
Podríamos seguir y seguir. Fujimori fue un outsider, Belmont fue un outsider, ninguno se preparó para el cargo público y los dos vencieron a políticos de viejo cuño.
Crisis de partidos, dicen algunos. Tienen razón, por supuesto que sí. Los partidos han perdido capacidad para actuar como agentes intermediarios entre la necesidad del pueblo y el gobierno. Entonces la gente voltea a la tele, a los referentes más inmediatos, a aquel que le garantiza un momento de felicidad con una canción, un show, un gol, vuelve su cabeza al circo porque éste lo hace feliz, al menos por un ratito.

Sinceramente no creo que el inefable Polo Campos y sus horribles chompas puedan recolectar las firmas necesarias en tan poco tiempo. Pero mi capacidad de sorprenderme es muy amplia, he vivido 26 años y he seguido la política peruana desde hace más o menos 10, nada ya me asusta ni me mueve un pelo.
Sólo espero a la prensa mañana. Los titulares lo darán ganador, será el salvador del Perú. ¡Polo Campos promete aumento de sueldo para tombos y maestros! ¡Florcita primera dama! ¡Si soy primera dama no dejaré de mover el cucu!, dirá la mencionada.

¿Qué de quién es la culpa? Me gustaría decir que es del ignorante pueblo peruano, me gustaría decir que es de los políticos por permitirse perder la confianza de la gente por dedicarse a sus peleas de callejón, por preocuparse por sus propios intereses y por ver en el poder un botín antes que una oportunidad por hacer algo por los que los votaron.
Pero en este caso creo que tengo que echarle la culpa a la prensa, a mis colegas del cinco, a la sonriente Jessica Tapia por presentar tan divertida el reportaje, a la reportera, no diré su nombre, por tomar una comisión que todo periodista que se respete debiera rechazar y por sobre todo al director periodístico, cuya conciencia para definir qué es realmente importante para el país debiera primar en sus decisiones, junto con la responsabilidad de buscar formas creativas e inteligente para que los candidatos al 2006 presenten soluciones y propuestas inteligentes y progresistas.

Y si tres periodistas perdieron su chamba en el cuatro por un reportaje vacío, que no probaba nada y muy poco contrastado, los responsables de esto debieran, quizás no perder su trabajo, pero sí ser castigados y marcados por aquello a lo que más le temen. El rating.

Mientras tanto habrá que irse preparando. La semana será larga. Tendremos a Florcita hasta en la sopa. Elija usted, pero elija bien. ¿Keyko, Elianne o Florcita?
Yo mejor me abstengo.